sábado, 24 de enero de 2009

"Magone"

Mis queridos amigos:
El 21 de enero de 1859, hace ahora 150 años, moría en el Oratorio de San Francisco de Sales un adolescente de apenas 14 años llamado Miguel Magone.
Don Bosco lo conoció en el otoño del 1857 en la estación de un pequeño pueblo llamado Carmagnola, a treinta kilómetros de Turín. La tarde estaba lluviosa y una densa niebla lo envolvía todo. Don Bosco esperaba el tren que habría de conducirlo a Turín. Como cuenta él mismo, un grupo de muchachos jugando y forcejeando llamaba la atención de los viajeros por sus gritos y correrías, sus voces atronadoras y empellones en medio de las carreras. Según sus propias palabras, “Entre aquellos gritos sobresalía una voz que, dominando a las demás, era como la de un jefe, repetida por sus compañeros y obedecida por todos”. Así que, un capitán de “bandidos”, pensó Don Bosco. Y en un instante, entre forcejeos y golpes esquivados, se puso en medio de ellos cortando la respiración a más de uno. Todos echaron a correr al ver a aquel cura interrumpiendo sus juegos. Todos, excepto uno que avanzó hasta Don Bosco con aire altivo:

- ¿Quién eres tú para venir a entrometerte en nuestros juegos? Le espetó desafiante.
- Soy un amigo tuyo,
respondió Don Bosco. Y tú ¿quién eres?
- ¿Yo? ¿Quién soy yo? Miguel Magone, capitán de este ejército.

Miguel tenía trece años. Era un chaval que vagabundeaba por las calles y se había hecho con el mando de una banda de muchachos como él: carne de cañón, sin presente ni futuro, con la cárcel en un horizonte más o menos próximo. El párroco de Carmagnola lo describía así: “El joven Magone es un pobre chico, huérfano de padre; teniendo la madre que ganar el pan para su familia, no puede asistirlo ni vigilarlo, y él, abandonado, pasa el tiempo en las calles y en las plazas entre los vagos. Tiene un ingenio despierto y poco común y lo creo de buen corazón; vivo e inquieto, en la escuela es un alborotador. Cuando no está, los profesores respiran…”.
Magone no podía imaginar que aquel encuentro le cambiaría la vida. En efecto, Don Bosco fue su amigo. Lo llevó consigo a Turín y en Valdocco encontró una casa, una familia…un padre y una nueva oportunidad para su vida. Con Don Bosco pudo vivir una experiencia que hoy llamaríamos un auténtico itinerario educativo. Abandonó la calle y comenzó a tomarse en serio sus estudios. Descubrió, como nunca antes, la presencia de Dios en su vida y recorrió un camino de crecimiento en la fe que le llevó hasta el planteamiento y el discernimiento vocacional.
Miguel murió muy pronto, a inicios del 1859, afectado por una enfermedad pulmonar. Pero en este corto espacio de tiempo junto a Don Bosco, encontró sentido a su vida, cogió las riendas de su existencia y experimentó qué significa que alguien confíe en ti.
Este es el secreto de Don Bosco. Confiar en los muchachos y ayudarles a que saquen de dentro de sí las mejores energías para desarrollarse y vivir como personas.
A nuestro alrededor sigue habiendo muchos “magone” que, aunque con ingenio despierto y buen corazón, han perdido ya algunos trenes en la vida porque ésta – por mil circunstancias - les ha robado la posibilidad de ser persona. Hoy, muchos jóvenes siguen viviendo a la intemperie, en la oscuridad, la niebla y el frio. En nombre de Don Bosco queremos seguir tendiendo una mano amiga para adelantar un futuro más cierto a los que no lo tienen y que no siempre sea invierno para los más vulnerables. Esa es nuestra frontera. Hacia ella nos dirigimos.
Vuestro amigo, José Miguel Núñez

7 comentarios:

Anónimo dijo...

una semana mas darte las gracias por tus palabras.muchas felicidades y que lo paseis bien estos dias de celebraciones.un beso

Anónimo dijo...

En nuestros centros de Secundaria haría falta que algunos, de los que nos dedicamos a tantos polinomios y cosas raras de esas, le hiciesemos un poco de caso a D. Bosco. ¡Cuantos "magone" tenemos en clase sin preocuparnos de subirlos al tren de la esperanza!.
Entono un mea culpa y voy a intentar acordarme, aunque sólo sea de vez en cuando, de esta reflexión.
Gracias por tu escrito.

Anónimo dijo...

La verdad es que Don Bosco es genial. Como educadores podemos aprender mucho de sus intuiciones, de sus propuestas, de su manera de entender la relación con el chaval sobre todo con los que necesitan más confianza. Como educadores tenemos un gran reto: acompañar al chaval en el punto concreto del camino en el que se encuentra. Es un arte coger su paso y hacer camino con él ayudándole a desarrollar todas sus capacidades. Ese es mi compromiso. Un saludo. Pablo

Anónimo dijo...

¿Cuantos Magones hay hoy en nuestras calles? ¿Qué hacemos nosotros por estos ejercitos..? ¿No caemos demasiado en la tentación de alejarlos, para qué no "perturben" mucho la calma de nuestras lustrosas Comunidades Educativas? En fin todo un reto el que se nos propone.. pues, sí parece que está muy bien elegido lo de "Volver a Don Bosco" y que por cierto hay que decir que está surtiendo efecto..Saludos.

jmg dijo...

GRACIAS POR SU REFLEXION.
UN SALUDO.

P. Julio sdb. dijo...

Gracias, hermano querido, por refrescarnos oportunamente la memoria de la vida de nuestra familia para volver a tomar ánimos e intentar en el lo de ayer.

Anónimo dijo...

¡Hoy más que nunca tenemos que hacer uso de las enseñanzas de D. Bosco!
No podemos mirar a otro sitio, hay muchos jóvenes en verdadero peligro.
Yo siempre pienso que ellos no son malos, les faltan Pilares donde apoyarse y personas que de verdad los quieran.
Una de las facetas que más me impresionó de este Santo, es su buen hacer con todos.

Hoy en muchas ocasiones intentamos no complicarnos la vida, yo en esos momentos recuerdo las palabras de Jesús; ¡¡Los sanos no necesitan de médico!! Eso lo entendió muy bien D.Bosco.

Muchas gracias amigo, gracias por hacernos recapacitar. Josefa González